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¿Está ganando la República Dominicana la guerra contra las drogas o jugando un juego mayor?

Por Eiden Espinosa
Santo Domingo, RD. – Durante años, la República Dominicana se ha presentado como un aliado clave de los
Estados Unidos en la llamada “guerra contra las drogas”. Operativos conjuntos con agencias estadounidenses, intercambio de inteligencia, programas de entrenamiento e incluso acceso limitado a infraestructura aérea y marítima dominicana han sido justificados públicamente como herramientas necesarias para proteger nuestro territorio y a nuestra gente del narcotráfico.

Sin embargo, los datos cuentan una historia que merece un análisis más profundo.

Entre 2022 y 2024, las incautaciones de drogas en la República Dominicana no disminuyeron.

Aumentaron de forma dramática.

● 2022: Aproximadamente 31.1 toneladas métricas de drogas incautadas
● 2023: Aproximadamente 25 toneladas métricas incautadas (una baja temporal)
● 2024: Más de 44 toneladas métricas incautadas — la cifra más alta jamás registrada

Este aumento abrupto coincide con una mayor cooperación con agencias de los Estados Unidos, un fortalecimiento de las operaciones de inteligencia y una mayor militarización de puertos, aeropuertos y sistemas de vigilancia costera.

Lo que nos lleva a una pregunta incómoda, pero necesaria:

Si los esfuerzos conjuntos entre la República Dominicana y Estados Unidos buscan reducir el narcotráfico, ¿por qué hoy se incautan más drogas que nunca?

La narrativa oficial y el vacío lógico

Las autoridades sostienen que el aumento en las incautaciones es prueba del éxito: mejor inteligencia, mayor capacidad operativa, interdicciones más eficientes.

En el papel, esta explicación parece razonable.

Pero también abre una inquietud más profunda.

Si las rutas del narcotráfico están siendo desmanteladas, si las redes criminales están siendo “golpeadas donde más duele”, entonces ¿por qué el volumen de drogas interceptadas sigue creciendo año tras año?

Solo existen algunas posibilidades lógicas:

1. El narcotráfico a través de la República Dominicana ha aumentado considerablemente, a pesar de los operativos.
2. Las autoridades permiten que mayores volúmenes circulen para luego incautarlos.
3. Las cifras reflejan una aplicación selectiva de la ley, no una desarticulación real.
4. O, la más controvertida, los flujos de drogas se han convertido en parte de un sistema administrado de inteligencia y beneficios, más que en un enemigo a erradicar.

Este no es un fenómeno nuevo a nivel global. Históricamente, la “guerra contra las drogas” ha generado presupuestos, contratos, poder de inteligencia e influencia geopolítica, especialmente para las grandes potencias que operan fuera de sus fronteras.

Incautar no significa limpiar las calles

Un detalle crucial suele quedar fuera de los comunicados oficiales:

La mayoría de las drogas incautadas se interceptan en puertos, contenedores o cargamentos marítimos, no en las esquinas de los barrios.

Las comunidades más afectadas por el consumo, la violencia y la adicción rara vez ven los beneficios de estos operativos de gran escala.

La disponibilidad en la calle permanece casi intacta, mientras que las detenciones suelen recaer de forma desproporcionada sobre actores de bajo nivel, no sobre los verdaderos arquitectos financieros del negocio.

Esto crea una contradicción inquietante:

● Las grandes incautaciones llenan titulares
● Pero las comunidades siguen pagando el precio

Si las drogas realmente están siendo detenidas en el origen, ¿por qué los mercados locales continúan funcionando? ¿Por qué la adicción sigue creciendo? ¿Por qué las redes de tráfico se adaptan con tanta facilidad?

La economía de inteligencia detrás de las drogas

A nivel global, el narcotráfico ha funcionado durante décadas como algo más que un problema criminal: también es un activo de inteligencia.

Los grandes flujos de drogas generan:

● Informantes
● Oportunidades de vigilancia
● Control sobre organizaciones criminales
● Justificación para presencia extranjera y financiamiento
● Expansión de presupuestos para agencias de seguridad

En este contexto, la erradicación total no siempre es el objetivo. El control lo es.

Y el control requiere volumen.

El salto de 25 toneladas incautadas en 2023 a más de 44 toneladas en 2024 sugiere no solo un mejor trabajo policial, sino un seguimiento más eficiente de flujos mucho mayores.

Esa diferencia es clave.

¿Quién se beneficia realmente?

A la República Dominicana se le dice que gana:

● Entrenamiento
● Equipamiento
● Credibilidad internacional
● Cooperación en seguridad

Estados Unidos gana:

● Posicionamiento avanzado de inteligencia en el Caribe
● Interdicción antes de que la droga llegue a sus fronteras
● Mayor influencia sobre la política de seguridad regional

Pero el pueblo dominicano se pregunta:

● ¿Son nuestras comunidades más seguras?
● ¿Están desapareciendo las drogas de las calles?
● ¿O simplemente somos sede de un tablero geopolítico donde las drogas son la
moneda de la inteligencia?

Una cuestión de legitimidad

Este artículo no afirma conspiraciones como hechos.

Plantea una pregunta legítima sobre incentivos y poder.

Cuando incautaciones récord coinciden con cooperación récord, y ambas ocurren mientras persisten el acceso a drogas y el daño social, el escepticismo no es radical: es responsable.

La población merece transparencia más allá de conferencias de prensa y cifras en toneladas.

Porque si las drogas estuvieran siendo realmente erradicadas, eventualmente habría menos que incautar.

Y mientras eso no ocurra, la pregunta sigue abierta:

¿Está la República Dominicana limpiando el contrabando… o administrándolo como parte de un juego mayor de inteligencia?

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