Por Liza Medrano
Santo Domingo RD.- Vivimos en una sociedad donde la falta de empatía se ha convertido en un problema creciente. Cada vez es más común ver cómo las personas se enfocan únicamente en su propio bienestar, dejando de lado la colaboración y el apoyo mutuo.
Este comportamiento ha llevado a que muchas personas, tras ayudar a otros en momentos difíciles, se enfrenten a la ingratitud cuando no pueden continuar brindando su apoyo. Lamentablemente, la falta de reconocimiento y aprecio por la ayuda recibida ha generado un ambiente de desconfianza y desmotivación.
En el ámbito laboral, esta realidad se hace aún más evidente. Hoy en día, observamos cómo ciertas figuras públicas, como las influencers, logran obtener oportunidades laborales con mayor facilidad que profesionales que han dedicado años de estudio y esfuerzo para prepararse en sus respectivas áreas.
Mientras estas figuras consiguen empleo rápidamente gracias a su presencia en redes sociales, muchos egresados universitarios se encuentran con dificultades para acceder a su primer empleo, a pesar de haber invertido tiempo, dinero y sacrificio en su formación académica.
Esta disparidad laboral también refleja la desvalorización del conocimiento adquirido mediante la educación formal. En numerosas ocasiones, los empleadores ofrecen salarios que no reflejan el esfuerzo y la dedicación de quienes han invertido años en su preparación profesional.
Aquellos que no otorgan el debido valor a su educación, su tiempo y sacrificio, probablemente no han comprendido la importancia del esfuerzo personal ni su verdadero potencial.
Es necesario fomentar una cultura de reconocimiento hacia el esfuerzo académico y la preparación profesional, así como promover la empatía y la colaboración mutua en todos los ámbitos de la sociedad.
Solo de esta manera podremos construir un entorno más equitativo, donde el talento y la dedicación sean valorados de forma justa y donde la solidaridad y el apoyo genuino se conviertan en pilares fundamentales de nuestra convivencia.

